De todos los libros de la Biblia, éste es sin duda el que se puede considerar como el libro para el fin de los tiempos. Y parecería como si en estos últimos años, el mundo entero, con sus científicos, políticos, economistas y pensadores, lo hubiera reconocido consciente o inconscientemente. Esto es sobre todo verdad con respecto al empleo de la palabra Apocalipsis, que ha venido a equivaler a época de cataclismo, a situaciones mundiales cargadas de consecuencias terribles, al desatarse de enormes energías que el hombre es incapaz de controlar...

Este es sobre todo un libro para una edad de perturbación, para una edad en que la oscuridad se hace más intensa, el temor se apodera de todo el genero humano, y poderes monstruosos, impíos y perversos, aparecen en el escenario de la historia...

Pero en todo ello hay también consuelo y aliento. Esto es lo paradójico que se nos presenta en Apocalipsis. El libro, aunque lleno de pasajes oscuros y siniestros, no tiene un tono pesimista, sino optimista: El pecado, Satanás y todas sus huestes, quedarán derrotados para siempre, porque Cristo, saldrá triunfante; y los creyentes estaremos con Él, en la gloria, para siempre...

Esto exigirá de nosotros, en un tiempo donde la fe se empaña y los corazones se enfrían; obedecer al Espíritu, que nos amonesta y exhorta a escuchar su voz. Apocalipsis coloca frente a nosotros grandes exigencias éticas. Hay en el un sentido de apremio moral. La salvación no es algo que se confiere automáticamente, sino que se le otorgara a los que ostenten los distintivos de los verdaderos hijos de Dios, que son los que el mismo Hijo de Dios, en quien hemos confiado para la salvación de nuestras almas, ostentó en su vida terrenal...

Las ultimas palabras de Pablo en la segunda carta a Timoteo, las de Pedro en su segunda carta, las de Juan en sus tres cartas, y las de Judas en su carta, son escritos que constituyen un preludio y transición al Apocalipsis, ya que nos habla en un lenguaje similar al de este libro, en cuanto se nos menciona una época en que las tendencias de la historia apocalíptica, se habían manifestado con meridiana evidencia...

Incluso si las profecías de este libro no se cumplieran en nuestro tiempo, este es el único libro de la Biblia en el que hay una bienaventuranza explícita para los que oyen, leen y obedecen sus palabras...

El hecho de que el Todopoderoso diera un libro al hombre, nos llena de responsabilidad, para saber, y divulgar su contenido... Leemos brevemente en Daniel 2: 28 "...Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y el ha hecho saber ... lo que ha de ocurrir en los postreros días." Esto nos hace recordar las palabras de Dios cuando iba a destruir a Sodoma, en Génesis 18: 17 "Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer..." Dios se agrada de revelar sus secretos a sus siervos (ver Amos 3: 7). Por tanto, si nos ocupamos en el estudio de la profecía, estaremos haciendo algo que agrada a Dios; al no hacerlo estamos despreciando cosas importantes que Dios nos quiere revelar. Por supuesto este interés por el estudio de la profecía no debe ser solamente una curiosidad intelectual...

Por razón de su simbolismo, su constante referencia a pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, y la profundidad y vastedad de los temas que se descubren, creo que el Apocalipsis, mas que cualquiera de los libros de la Biblia, se dejara entender solo de aquellos que se dediquen a estudiarlo en forma esmerada y dedicada...

 

"No Borres mi Nombre del Libro de la Vida"